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Escribe Luis CASADO
En mis numerosos viajes a la India pude ver los encantadores de serpientes. Un millón de indios ganan su vida poniendo delante de ellos un cesto de mimbre en el que hay una cobra que hacen “danzar” tocando el pungi, una especie de flauta que agitan delante del bicho.
Aun cuando los tipos conocen las técnicas para capturar y manipular los peligrosos animales, no corren riesgos. Para evitar la mordedura y el veneno, previamente les quitan las glándulas venenosas e incluso hay quien derechamente les cose el hocico. El bicho, que no tiene la facultad del oído, en realidad reacciona ante el bailecito de la flauta que se mueve ante sus ojos.
Si te cuento el ídem es porque leí que Escalona está preparando un texto para encantar a los electores de Enríquez y de Arrate sin los cuales su candidato Frei va de culo. Tal parece que Escalona le copia a los encantadores de serpientes. Toca la flautita. Y no quiere correr riesgos.
Para comenzar reinventa “el carácter supra partidario que debiera tener un eventual gobierno de Eduardo Frei” gracias a lo cual podría “convocar a figuras o personalidades representativas” de Arrate y Enríquez a participar del festín. Un ministerio para fulano, una embajada para perengano. Y ya está. Se ve que el “politólogo” Escalona sabe más de compraventas que de política.
De este modo intenta sustituir el segundo principio de la termodinámica por la zanahoria que hace marchar al burro. ¡Pobre Escalona que piensa que todo el mundo es como él!
Por otra parte, un grupo de diputados de la Concertación se tira al suelo, la juega modesta y declara “Asumimos con humildad y autocrítica el resultado de las elecciones presidenciales. Los resultados contienen un claro mandato de cambio", antes de hacer un devoto “reconocimiento a quienes votaron por Marco Enríquez-Ominami y Jorge Arrate”.
¿Y ahí? Como dice el genial dibujante José Palomo, remedando el discurso de Frei: “Quiero tu esfuerzo, tus anhelos y tus esperanzas.... y tus votos se entiende, pero JAMAS tus propuestas ni tus reformas”.
A las “serpientes” que les permiten ganar (muy bien) su vida les tocan la flautita. Pero previamente les cosen el hocico, les cierran la boca, les quitan el “veneno” de la ambición democrática. Cacarean mucho repitiendo eso de “escuché la voz de la gente”, pero se niegan a asumir el compromiso solemne de terminar con el régimen antidemocrático, de abolir definitivamente la Constitución de la dictadura. Siguen tocando la flauta, son encantadores de serpientes.
En el lote también hay quién sabe que la victoria tiene muchos padres pero que la derrota es huérfana. Juan Carlos Latorre, que oficia de presidente de la DC, se saca los balazos: "La campaña del candidato de la Concertación no fue dirigida por los presidentes de partido, eso debe quedar claro ante el país, nosotros hemos hecho confianza en un comando cuyos integrantes todo el mundo conoce y que ha contado con nuestro respaldo político pero sin que asumiéramos nosotros ningún rol". En otras palabras, los boludos que perdieron son ellos. No yo. Juan Carlos Latorre o el coraje de los pusilánimes.
No sé si Frei leerá estas líneas. El prontuario de Piñera me llama a impedirle el paso a La Moneda. Pero el prontuario de Frei no me incita a votar por él, a menos que se comprometa públicamente a convocar una Asamblea Constituyente, a terminar con la herencia de la dictadura.
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